Reforma de
la OCM Vitivinícola: Decepción en la FEV por el acuerdo
entre grandes productores.
Reclama a la administración española
más ambición ante la oportunidad de la reforma
Al conocer el documento del acuerdo entre algunos Estados Miembros
(Francia, España, Portugal e Italia) con una posición
de mínimos sobre la reforma de la OCM, la Federación
Española del Vino quiere expresar su decepción por
la falta de ambición que la Administración Española
demuestra ante esta importante oportunidad para el sector vitivinícola
español.
La reglamentación europea del vino contiene de una parte
la normativa de producción y clasificación de los vinos,
sin ninguna incidencia presupuestaria, pero con gran efecto económico
en el sector, y de otra, los clásicos mecanismos de subsidio
previstos en la política agrícola común que
ascienden a más de 1.300 millones de euros anuales.
La FEV propone que se liberalice el sector y se adopte una verdadera
política vitivinícola, se eliminen la prohibiciones
de nuevas plantaciones en 2010, se permita la mejor adaptación
de vinos sin indicación geográfica a las exigencias
del consumidor para poder competir con los países terceros
que están ganando cuota de mercado y se pueda promocionar
el vino como bebida saludable. Por otra parte la FEV ve riesgos graves
en que la distribución de subvenciones suponga una distorsión
de la competencia. Salvo la ayuda a los alcoholes de uso de boca
y mostos con destino a zumos, que salen del circuito vitivinícola
y que son productos que tienen una demanda del mercado, el resto
de ayudas pueden ser utilizadas políticamente. Por eso la
FEV no quiere descartar que se contemplen los mecanismos de la nueva
PAC, como son las ayudas desacopladas directamente percibidas por
el viticultor, como ocurre en el aceite de oliva. Francia y la organización
de productores europea (COPA-COGECA) se han opuesto de entrada a
las ayudas desacopladas y directas a los productores.
El documento – que refleja una fuerte influencia de las posiciones
francesas- y que se supone firmarán los ministros de agricultura
de esos países, pone su énfasis en mantener una serie
de mecanismos de intervención que han demostrado poca efectividad
en la adaptación del sector al mercado y disminuyen la capacidad
de competir de los vinos españoles. Además plantea
un sistema de distribución de ayudas por medio de organizaciones
de productores, similar al sector de frutas y hortalizas que es totalmente
inaplicable al sector del vino. También mantiene el principio
de prohibición de plantaciones, siendo el viñedo el único
cultivo que está prohibido y contingentado, generándose
un sistema de derechos de plantación, que supone una carga
administrativa enorme y casi imposible de gestionar y que elimina
cualquier capacidad de reacción entre las exigencias del mercado
y la producción.
Finalmente, para la FEV, el documento ministerial no da ninguna
respuesta a la altura de los nuevos retos que tiene planteados el
sector: situarse en la nueva política europea de defensa del
consumidor, dar respuesta a las nuevas exigencias sociales en el
entorno de las bebidas alcohólicas y presentar una política
agresiva de comercio exterior, ámbito prioritario en el que
los vinos europeos pueden crecer en el futuro.
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